viernes, 18 de junio de 2010

El ultimo tango en París




- Tú no tienes nombre y yo tampoco tengo nombre. No hay nombres. Aquí no tenemos nombre.
- ¿Estás loco?
- Es posible que lo esté pero no quiero saber nada de ti. No quiero saber donde vives, ni de donde eres. No quiero saber absolutamente nada de nada. ¿Me has comprendido?
- Me asustas.
- Nada. Tú y yo nos encontraremos aquí sin saber nada de lo que nos ocurra fuera, ¿de acuerdo?
- Pero, ¿por qué?
- Pues porque…aquí no hace falta saber nombre, no es necesario. ¿No lo comprendes? Venimos a olvidar, a olvidar todas las cosas, absolutamente todas. Olvidaremos a las personas, lo que sabemos, todo lo que hemos hecho. Vamos a olvidar donde vivimos, olvidarlo todo.
- Yo no podré, ¿tú si?

- No lo se. ¿Tienes miedo?
- No.


Llega un día donde París te enseña; compara sus viejas paredes con el cine y realidad. Brando lo sabia. Pura obsesión de atrapar la realidad dentro de un encuadre. Fuera nada existe, ni es verdad.


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